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GOSTI IZ GALAKSIJE (1981)

Ficha técnica

Título inglés: Visitors from the Arkana Galaxy
Título castellano: Los visitantes de la galaxia
Nacionalidad: Yugoslavia / Checoslovaquia
Productora: Filmové studio Barrandov / Jadran Film / Kinematografi / Zagreb Film
Director: Dusan Vukotic
Guion: Dusan Vukotic y Milos Macourek
Dirección de fotografía: Jirí Macák
Efectos visuales: Jan Švankmajer
Música: Tomislav Simovic
Intérpretes: Zarko Potocnjak (Robert), Lucie Zulová (Biba), Ksenia Prohaska (Andra), Jasminka Alic (Ulu), Rene Bitorajac (Targo), Ljubisa Samardzic (Toni)
Duración: 85 m.

La labor de un crítico es acompañar al espectador que desee escuchar y profundizar en los fotogramas vistos; aportar algo más que transcribir una trama argumental; bucear en la historia que cuentan las imágenes; ubicar el filme dentro de la centenaria historia del cine; situar el largometraje en su ubicación y sus circunstancias; saber, al fin y al cabo, qué nos enseña, qué podemos aprender de lo narrado. Pero, ¿qué decir cuando no se tiene nada que decir? ¿O cuando es poco lo que se tiene que contar? ¿O cuando las palabras son intrascendentes? Alguien diría que lo mejor es rendirse y callar. Pero la derrota no es un término que esté en e vocabulario de un crítico que se llame como tal.

Enfrentarse a una película como Los visitantes de la galaxia no es fácil. No porque sea difícil de interpretar (no estamos ante un Tarkovski), sino por todo lo contrario: la banalidad inunda su metraje. La voluntad de sus autores era la de entretener sin más, aportar un tiempo de diversión y asueto a los espectadores que se acercaran ante su creación y provocar algunas risas con sus chaladuras. Puesto que su finalidad está clara según avanza la historia: el derrotero de delirios argumentales y visuales es abrumador, y ante una escena (casi) final como el banquete de bodas asaltado por un monstruo mutante, que no para de cercenar y aplastar cabezas y miembros varios, matar a base de gases verdes que manan de su espalda y abrasar a todos los comensales con su aliento de fuego, el espectador no puede hacer más que quedarse boquiabierto y esperar que termine cuanto antes el frenético bombardeo de situaciones tan esperpénticas como bochornosas.

Sin embargo, el valor de ciertos productos no está en su contenido, sino en su continente. Que esta película tuviera un cierto éxito internacional en su día (ganó varios premios en certámenes de Oporto, Trieste, Madrid, Cádiz y Bruselas) se debe sobre todo a su contexto: un filme de ciencia ficción delirante que no provenía de un entorno reconocible, sino de la desconocida Europa del Este, provocaba el agrado de lo exótico, de la sorpresa de encontrar que la serie B (aunque su categoría podría llegar a la Z sin mayores problemas) también se estaba gestando en el reino del mariscal Tito. Que haya sobrevivido al olvido, llegando hasta nuestros días, se debe en gran parte al férreo propósito de la actual cultura friki por reivindicar a toda costa lo bizarro. Mucho mejor si es algo del todo desconocido. Y en esto también influye el hecho de que un grande del cine como Jan Švankmajer participara en su producción: el monstruo Mumu no es de lo mejor de su obra (más bien, una tacha en su carrera), pero la revalorización de su trabajo hace que cualquier elemento filmográfico relacionado con él acabe en la despensa digital de sus numerosos fans.

Sin embargo, no todo pueden ser notas negativas, pues seguramente estaríamos siendo injustos: sus efectos visuales son notables (aquí se nota la mano de Dusan Vukotic como profesional de la animación) y enternece la apología que se hace de la imaginación, cuyas barreras son derribadas al materializarse los deseos del protagonista, un escritor de ciencia ficción que ve cómo sus personajes se hacen realidad, llevándole de excursión en un viaje final por los insodables abismos de la galaxia. Quizás si se hubiera eliminado todo rastro gore en forma de violentas mutilaciones se hubiera conseguido un bonito cuento para niños que abogara por la fantasía sin límites. Porque, en su sentido final, la película apela a la parte infantil que habita en cada individuo.

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