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EGO ZVALI ROBERT (1967)

Ficha técnica
Título inglés: We Called Him Robert / His Name Was Robert
Nacionalidad: URSS
Productora: Lenflim Studio
Director: Ilya Olshvanger
Guion: Lev Kuklin y Yuri Printsyov
Director de fotografía:  Edgar Shtyrtskober
Música: Andrei Petrov
Intérpretes: Oleg Strizhenov (Robert / Sergei),  Marianna Vertinskaya (Tanya), Vladimir Pobol (Gennadi), Mikhail Pugovkin (Knopkin), Marcel Marceau
Duración: 93 m.


¿Conocen a alguna persona que le haya puesto a su hijo su mismo nombre, creando (o, incluso, perpetuando) no solo una tradición familiar, sino un sinfín de (a veces, divertidas) confusiones? Son numerosos los psicólogos que han puesto el grito en cielo ante este maligno hábito, denunciando los perjuicios que suponen para los hijos, quienes deben vivir toda la vida bajo la sombra de su progenitor, forzados a cumplir unas expectativas difíciles de conseguir.

Algo parecido pasa en esta película soviética, pues el robot protagonista y que da título a la película ha sido creado como clon físico de su creador, a imagen y semejanza de un “padre” de laboratorio. Ya hay algo de siniestro en dar a un robot forma humana (lo que se conoce como “androide”), pues el debate filosófico que propicia da para varios congresos con sus consiguientes libros. Y es que no es el humano el que se cuestiona la moralidad del acto, sino el robot quien se pregunta sobre su condición, interrogándose sobre la existencia a través de la suya propia y por qué los seres humanos tratan de inculcarle la máxima capacidad intelectual y emocional si, al final, va a ser observado como un simple objeto.

 La vida de Robert va a ser, desde el principio, la de un “ser” utilizado y utilizable, un comodín vital para su creador, pero que, por su apariencia humana, va a ser la diana de los ataques emocionales de terceras personas. Pues de la misma manera que a veces, de una manera impulsiva y poco reflexionada, otorgamos a los animales comportamientos humanos cuando no dejan de ser actos irracionales propios del instinto, las acciones de Robert se observan como premeditadas, cuando en realidad es un ser blanco, simple, sin maldad, que percibe su entorno y lo interpreta literalmente, sin miedo al ridículo o a la ley.

Incapaz tanto de amar como de odiar, Robert proyecta lo que cada ser humano desea en el otro debido a sus propias carencias sociales o emocionales. Algo parecido al “efecto Kuleshov”, donde el rostro del actor Iván Mozzhujin expresaba distintos sentimientos según la imagen con la que se le relacionase, permaneciendo su cara en todo momento estática, hierática y neutral. No es, por lo tanto, en absoluto gratuito que en un momento de este filme aparezca el mimo francés Marcel Marceau, que termina desesperado por las continuas interrupciones involuntarias de Robert. Un gesto definitivo para comprender que, a pesar de todas nuestras convenciones sociales y los esfuerzos por ocultar nuestras emociones, somos pura fibra sensible. Lo mejor de nosotros no lo depositamos en un montón de circuitos y válvulas, sino que lo guardamos en nuestro interior.


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